Rutilohistoria

Hoy voy a saltarme las reglas de protocolo autoimpuestas y sin que sirva de precedente, hago doble posteo el día de hoy. No es que nos hayamos vuelto locos (que si), ni que no respetemos nuestras propias directrices (que también), si no que hoy, lamentablemente, nuestro rutilo galeno cumple un año de conata persistencia entre nosotros, algo que nos hace sentir muy desdichados y furibundos por la animadversión que nos genera, y aunque intentamos de todas formas corregir este percance no hay tutia (minipunto para el que haya estado atento en clase).

Creo que me estoy excediendo demasiado en la introducción y no llego a separar el grano de la paja, y es que esta entrada no es sino para hacer una pequeña reseña sobre algunos personajes históricos cuyo cabello fue besado por las llamas (motivo por el que deberían haber sido arrojados desde lo más alto de la roca Tarpeya).

Boudica (? – 61 d.C.)

Boudica es descrita por Dión Casio como una mujer alta, de voz áspera y mirada feroz cuyo rojo cabello se prolongaba hasta la cadera, con una larga túnica de muchos colores, un manto grueso grueso ajustado con un broche de oro y que siempre portaba un grueso collar de oro como símbolo de su nobleza. De ella cuentan que destacaba por la armadura remachada de oro que siempre portaba. Según Dión Casio “siempre que hablaba, sostenía una lanza con la mano para aterrorizar a cualquiera que la contemplase”.

Boudica fue una reina guerrera de los icenos que acaudilló a varias tribus britanas, incluyendo a sus vecinos los trinovantes, durante el mayor levantamiento contra la ocupación romana entre los años 60 y 61 d. C. De acuerdo con Tácito, los romanos azotaron a Boudica y violaron a sus dos hijas, debido a la deuda heredada por ella y sus súbditos tras la muerte de su padre, lo que desató la furia incontenible de la reina. Tras el saqueo de Camulodunum y Londinum, sus pretensiones chocaron contra los muros de las legiones romanas en la batalla de Watling Street a pesar de su superioridad de 5 a 1. Boudica consiguió escapar con algunos de sus leales. Unos dicen que Suetolio Paulino, comandante que lidero a las legiones que acabaron con la revuelta, acabo apresandola y que murió en una celda victima de las heridas de guerra y la enfermedad, otros en cambio aseguran que escapo a sus territorios ancestrales y que una vez allí decidió poner fin a su vida con la ingesta de veneno junto con sus hijas. Tácito y Casio cuentas que su entierro fue descomunal bajo el amparo de sus guerreros más leales y que su tumba aún sigue ignota.

                                                                                                                                                                                                                              Con ese genio no hace falta preguntarse quién llevaba los pantalones en casa

Federico I de Hohenstaufen (1122 – 1190 d.C.)

El más conocido como Federico I Barbarroja fue desde1147 duque de Suabia con el nombre de Federico III, desde 1152 Rey de los Romanos y a partir de 1155 emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, suponiendo el mayor apogeo de este durante su reinado. Fue responsable de afianzar el poder imperial tanto dentro de Alemania como en el norte de Italia, cuyas ciudades-estado se habían hecho independientes de facto, a lo largo de cinco campañas.

Podría divagar mucho entre todos lo atado y desatado por Federico durante sus campañas, políticas y militares, en Europa, pero si algo siempre me llamo la atención de este personaje fueron sus “Hazañas” en las cruzadas. En 1189 Federico partió, junto con Felipe II de Francia y Ricardo I de Inglaterra, a la Tercera Cruzada. Además, Federico había desafiado en una carta a Saladino a una justa entre los dos y había propuesto el 1 de Noviembre de 1189 como fecha. Tras dos batallas exitosas contra los musulmanes, llegó la mayor “hazaña” a mi parecer de nuestro querido Barbarroja. Unos cuentas que , acalorado tras cabalgar, quiso refrescarse con un baño; otros relatan que fue tirado de la silla por el caballo que montaba dando a parar con sus huesos en el agua helada de un rio que viene de las montañas. Sea como fuere, debido al peso de la armadura que no se había quitado antes del baño, o a un infarto debido al choque térmico por la gélida agua, Barbarroja murió en el río Saleph en Anatolia en junio de 1190, antes de que pudiera encontrarse con Saladino.

Manolete, si no sabes torear pa’ que te metes.

Lady Godiva (Principios del siglo XI)

El último personaje que os traigo no es tan importante como los anteriores, no tuvo bajo su mando miles de guerreros, ni blandió una espada, ni se enumeran cientos de batallas entre sus victorias, pero que sin embargo en mi opinión, también mostro ser digna de su nobleza, a pesar de ser pelirroja, y es que algo extraordinario tuvo lugar un día de mercado en el pueblo de Conventry, en las tierras de la pérfida Albion, que tuvo como protagonista a esta bella dama, según atestiguaron por escrito dos monjes.

Lady Godiva era una dama anglosajona casada con Leofric, conde de Chester, de Mercia y señor de Coventry. Viendo como la ambición se apoderaba de su marido y estrujaba a sus súbditos a base de impuestos, le suplico que los rebajara. El conde accedió solo a cambio de que ella recorriese Coventry a caballo sin más vestidura que sus cabellos, seguro que estaba el de que su pudorosa y modesta esposa no osaría a tamaña acción. Sin embargo, esto no amedrento a la dama y tras acordar con sus vecinos que éstos se encerrarían en sus casas para no perturbarla en su desnudez, el día elegido Lady Godiva se paseó desnuda por el pueblo, montada en su caballo, mientras todos los vecinos de Coventry permanecían en sus casas encerrados y con las ventanas cerradas, todo menos uno, un sastre conocido más tarde como Peeping Tom, el que cual sería el origen del mito del miron, y que quedo ciego tras observar a su señora a través de un agujero en una persiana.

¿Quien no querría ver pasear a nuestro colorado en la misma situación?… Yo no.

Os dejo ya, que poco a poco me voy alargando y no he venido aquí a aburrir a nadie, solo a recordarle a nuestro bermejo que le estamos vigilando y que cada año que pasa su fin esta más cerca Guiño.

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