In Their Chichimec’s Name: ¡Rusos!

Buenas!

Hoy me tocaba a mí volver de mi autoimpuesto exilio, y tenía que hacerlo con el trasfondo de mi banda para el sábado. Como mi banda ya tenía un trasfondo establecido he tenido que hacer magia para adaptarlo a la campaña, pero se ajusta bastante a la realidad histórica (y tiene en cuenta hechos de la familia Romanov para explicarlo!). Os dejo con el trasfondo y la banda en sí Risa

El monje levantó los ojos de la carta, mirando al príncipe angustiado:
– La firma vuestro padre, Zarevich. Y exige que acudáis con urgencia.
– Los asuntos que aquí nos retienen son más primorosos que los absurdos deseos de mi padre, monje. Bajo ninguna circunstancia nos moveremos de aquí. Además… él… apenas vuelve a su forma natural… y sólo en mi presencia.

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Hacía dos años que el Zarevich llegó a Londres para fortalecer las relaciones entre su padre y la reina Victoria. Sin embargo, una oscura verdad se escondía tras éste y los anteriores viajes de Nicolás…

Años atrás, una bruja maldijo a su madre, encinta de su segundo hijo, Alejandro. Desde la más tierna infancia el pequeño se convertía en un ser abominable cuando algo le importunaba, un ser que parecía surgido de las antiguas leyendas siberianas.

Incapaces de hallar cura, el Zar dio por muerto a su hijo y lo mandó encerrar en las profundidades del palacio de Invierno… hasta que un día llegó a oídos del Zarevich la noticia de que en Londres, un afamado químico, el Dr Jekyll, había encontrado una fórmula capaz de transformarlo en un ser de gran fuerza e intelecto, y al mismo tiempo un antídoto para volver a su forma humana.

Convencido de que este era el modo de lograr la curación de su hermano, el Zarevich Nikolai marchó a Londres en compañía de su pequeño hermano y algunos miembros de su propia guardia personal, con el objetivo de encontrar una cura para la larga desdicha de su familia…

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– Pero señor, vuestro padre insiste en que quizás… él… pudiera ser de ayuda en esta empresa…
– ¡Ni hablar he dicho!. Mi padre está más interesado en sus juguetes que en su propio hijos. Si quiere conseguir alguna antigualla más, ¡que envíe a su querido Jorge!
– También dice… que vuestro hermano Jorge ya ha partido. Y que si es él quien sigue sus órdenes será también él quien reciba su corona.
– Maldición… ¿y dónde quiere mi padre que acuda, si puede saberse?
– A Boston mi señor. Nos envía una carta de un tal Hollubar, un "amigo" estadounidense. Al parecer tiene unas piezas que podrían interesar al Zar, relacionadas sin duda con el mal que acosa a vuestra familia…
– Bien pues. Reservad pasajes para mí y mis hombres en el próximo barco que zarpe hacia allí… y no olvidéis un espacio en la bodega.

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El monje caminaba veloz por las calles de Londres, de vuelta al edificio donde se alojaba el Zarevich y la bestia que una vez fue su hermano. En su cabeza todavía resonaban las palabras del espía: "Aseguraos de que el hijo del Zar parte mañana. Después venid a verme y no tendréis que volver a servir a nadie. Nunca."

Minutos después, encontró su recompensa. En forma de una hoja de acero a tres centímetros del corazón… 

 

Zarevich

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